Que esta delicia sea uno de los principales protagonistas de la repostería portuguesa, muchos ya lo saben. Pero la historia del pastel de nata, cómo se convirtió en parte de la identidad cultural portuguesa, su origen y el ingenio detrás de su receta, son menos conocidos.
Aunque su origen no está del todo claro, se sabe que el pastel de nata tiene un origen monástico, vinculado al monasterio de los Jerónimos. Según se cree, en una época especialmente difícil debido a la revolución liberal, los monjes del famoso monasterio recurrieron a este dulce para obtener ingresos y sobrevivir. Así, en ese momento de necesidad, comenzaron a comercializarlo en un establecimiento situado en Belém, en las inmediaciones del monasterio de los Jerónimos.
Fue precisamente la ubicación de ese punto de venta la que dio lugar a su denominación más conocida hoy en día: el pastel de Belém. Su popularidad y difusión fueron impulsadas no solo por el flujo de turistas atraídos por la Torre de Belém y el propio monasterio de los Jerónimos, sino también por el movimiento de barcos que, en aquella época, conectaban esa zona con Lisboa.
La historia del pastel de nata resulta de la adaptación y reproducción del pastel de Belém
Lo que hoy conocemos como pastel de nata no es más que el resultado del intento de reproducir el pastel de Belém. Este, cuyo secreto se guarda bajo llave, solo puede encontrarse en ese mismo lugar, en Belém. Sin embargo, esto no impide disfrutar de las alternativas disponibles en cafeterías y supermercados, tanto en Portugal como en todo el mundo.
Hoy en día existen numerosas fábricas, y esta especialidad portuguesa también se produce de forma industrial y se distribuye a nivel mundial en forma de pasteles de nata congelados. En todo el mundo pueden encontrarse versiones y variaciones del pastel de nata, fruto del espíritu creativo de quienes no pueden prescindir de él.


